
Cuando uno entra a la casa azul de Frida Kahlo, lo invade rápidamente la sensación de estar adentrándose en la intimidad de un lugar con muchos secretos por revelar, que si bien son bastantes conocidos, no debemos quitarle el merito a la casa que nos invita a presenciar toda una vida llena de complejos, logros y pasiones de una de las más importantes artistas mexicanas.
Ubicada en la calle de Londres 247, en Coyoacán, la Casa Azul fue convertida en museo en 1958, cuatro años después de la muerte de la pintora. Contiene en ella los objetos personales que formaron parte del universo íntimo de Frida , así como algunas de sus obras más reconocidas, y tanto ellos como las diferentes habitaciones, hablan de su forma de vida cotidiana.
Carlos Pellicer (museógrafo), en 1955 la describió de la siguiente manera: “Pintada de azul, por fuera y por dentro, parece alojar un poco de cielo. Es la casa típica de la tranquilidad pueblerina donde la buena mesa y el buen sueño le dan a uno la energía suficiente para vivir sin mayores sobresaltos y pacíficamente morir…”
E Hilda Trujillo Soto dice: “La Casa Azul permanece como testimonio no sólo de una vida, sino de una época fundamental para la cultura en México. Y es, sin duda, la síntesis de un universo maravillosamente creativo y revolucionario.”
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